Cuando la pistola no dispara: Encasquillamientos, trabas e interrupciones

Una interrupción o traba del arma de fuego durante un enfrentamiento es, seguramente, la pesadilla de más de un profesional de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Incluso para quienes están altamente cualificados siempre será un motivo extra de tensión. Durante el entrenamiento en la galería, un tirador se podrá permitir una resolución más o menos hábil y rápida de la traba, pero en el curso de un encuentro real debe efectuarse de modo súbito y con total eficacia y garantía de seguridad. No siempre será fácil.

Son varias las modalidades de interrupción que una pistola puede sufrir durante una sesión de tiro, y también pueden ser varios los motivos que las originan, tanto en un entrenamiento como en un tiroteo real. Existen, por tanto, diversas formas de solventar las trabas para devolver al arma a la situación de fuego.

Las trabas se pueden estudiar según el origen de las mismas. Principalmente se deben a fallos mecánicos del arma, a fallos de alimentación y a fallos de la munición; si bien algunos de estos problemas pueden ser causados directamente por una acción involuntaria del propio tirador. Cuando la interrupción se produce a causa de una avería, es muy difícil alcanzar una rápida resolución, incluso cuando se produzca durante una práctica. No obstante, con un buen entrenamiento guiado profesionalmente, cualquier traba podrá ser solucionada con cierta diligencia, aunque no tanto la tara o rotura mecánica.

trabas_interrupciones_pistolaLas averías no se producen con frecuencia durante una balacera, expresión sudamericana usada como sinónimo de tiroteo. Pero cuando ocurren suelen ser debidas a problemas en el sistema de percusión, extracción, o expulsión. La subsanación de una de estas averías es muy complicada de llevar a cabo de modo inmediato. Suele ser precisa la intervención de un mecánico armero, o de un manitas.

Las interrupciones casi siempre son provocadas por la munición: por una mala alimentación del arma (a veces, como ya se dijo antes, propiciada por el tirador) o por una mala expulsión de la vaina, causada, generalmente, por problemas en el cartucho. En este mismo texto veremos, por separado, las deformaciones o alteraciones que se producen en la cartuchería cuando los usuarios ejecutan malas praxis.

Acerrojamiento incompleto
La interrupción más sencilla de solucionar puede que sea la que llamaremos acerrojamiento incompleto. Este mal acerrojamiento, u obturación incompleta, se produce casi siempre que el tirador acompaña la corredera (carro en algunos países) en su recorrido de avance al tiempo de alimentar la recámara. Los instructores, para evitar esto, hacen hincapié en que la corredera se debe dejar avanzar con toda la fuerza proporcionada por el muelle recuperador. En este caso, el mecanismo que interviene es el interruptor o desconector de disparo. Al estar parcialmente abierta la corredera (mal obstruida) este mecanismo impide que se pueda producir el disparo. Un débil empuñamiento durante el tiro también favorece este mal.

El consumo de munición en mal estado, con poca fuerza, o escasa de carga de proyección, también puede dar origen a este tipo de interrupciones. Cuando el cartucho disparado carece de potencia, éste, mediante la vaina, no empuja hacia atrás la corredera con energía bastante como para que esta alcance su posición más retrasada. Por ello no regresará a la posición de cierre desde la más atrasada. La corredera, sin ese completo recorrido, no se cierra y por tanto no obtura sus mecanismos.

Cuando esta traba se produce, la recámara queda entreabierta y deja ver levemente, por la ventana de expulsión, la parte trasera del cartucho allí alojado. Por tanto, la recámara queda incompletamente alimentada. Para dejar el arma presta en condiciones óptimas de disparo, basta con dar un seco y brusco golpe sobre la parte trasera de la corredera. Si el arma cuenta con martillo externo es mejor golpear la zona más alta del carro, cerca del alza. Así se consigue que la corredera avance unos milímetros y complete el cierre y sellado de la recámara. En cualquier caso, este golpe se debe aplicar con la palma de la mano de apoyo, también llamada débil, en dirección “alza a punto de mira”.

trabas_pistola__Seguramente huelga decir que para ejecutar esta maniobra, como para cualquiera de las otras que se van a conocer y analizar aquí, lo primero que hay que hacer es extraer el dedo del arco guardamonte, o sea que ningún dedo debe estar en contacto con el disparador. Esto no solamente debe aplicarse en estos casos, sino en todas aquellas manipulaciones en las que no exista inmediata intención de disparar.

Si tras dos intentos (dos golpes secos con la mano) no se consigue obturar el arma, se recomienda lo siguiente: extraer el cargador, tirar de la corredera para sacar el cartucho o vaina que quedó “mal alojado” en la recámara (tirar dos o tres veces para garantizar la operación), volver a introducir otro cargador o el mismo que se extrajo si es que aún contiene munición…, y volver a montar la pistola. ¡Voila!, ya se podría disparar.

Fallo de disparo
Durante los entrenamientos, con las prisas y los nervios, a veces se produce una mala introducción del cargador en su alojamiento, o sea en el brocal del cargador. De producirse esto, la corredera no podría arrastrar el primer cartucho del cargador hasta la recámara, al avanzar para alcanzar la obturación. Por ello, tras cerrarse la corredera y ser presionado el disparador, no se produciría disparo alguno. La recámara se hallaría vacía: ningún cartucho fue depositado en ella.

Otra incidencia muy similar a la anteriormente referida puede ser aquella en la que estando correctamente introducido el cargador, éste se libera mediante la presión accidental del retén del cargador. Presentada tal incidencia, el cargador se descolgaría unos milímetros por la zona de carga. Cuando esto se produce, no siempre es detectado con celeridad por el tirador. La situación, desde ese instante, es idéntica a la que vimos antes. En un caso el cargador no estaba bien insertado, y aunque en el otro supuesto sí estaba correctamente alojado, este fue parcialmente extraído por accidente.

trabas_pistola_doble_alimentacionLa incompleta introducción del cargador a veces es detectable a simple golpe de vista, pues suele quedar excesivamente “asomado” por la empuñadura del arma. En ocasiones solamente se desprende hacia abajo unos milímetros, pero estos son suficientes para propiciar el fiasco. Esta modalidad de fallo de disparo lo es por mala alimentación. Más bien nula alimentación. Es de fácil solución: solo hay que golpear el cargador con energía hacia el interior del arma, tras lo cual nada más que restaría volver a montar la pistola. Si el arma contase con seguro de cargador, mecanismo no recomendable en armas destinadas a tareas de seguridad y defensa, el cartucho alojado en la recámara no podría ser disparado debido a la incompleta introducción del propio depósito de munición.

Otra modalidad podría ser aquella en la que se presiona el disparador y, aun ocupando un cartucho la recámara y el cargador su brocal, no se produce el tiro. En estos casos el problema puede provenir de defectos en la munición, o de una avería en el sistema mecánico de percusión. Si estamos ante la opción mencionada en segundo lugar, la resolución será muy complicada in situ, pues se requerirá, casi siempre, de la intervención de un armero, amén de precisarse, normalmente, de piezas nuevas de recambio. Si por el contrario nos encontramos con un problema del cartucho, salvar la traba sería cosa sencilla. En tal caso bastará con tirar hacia atrás de la corredera y dejarla avanzar por sí sola. De este modo se consigue extraer el cartucho defectuoso que ocupaba la recámara, mientras que a la par se vuelve a alimentar con el cartucho que ocupaba el primer lugar en el cargador.

Fallo de expulsión
Este fallo casi siempre se presenta por mal estado de la carga de proyección del cartucho, o por insuficiencia en la propia carga propelente. Cuando tal caso se produce, la vaina suele quedarse en el interior de la recámara, aun cuando el proyectil haya sido expulsado por la boca de fuego. Cabe la posibilidad de que la munición se encuentre en perfecto estado, pero que el mecanismo de expulsión y/o extracción del arma estén averiados, o hayan fallado.

También puede darse el caso de que la recámara esté ocupada por un cartucho entero y percutido, el cual, por fallo de la cápsula de ignición (o de la pólvora), no ha desembocado en el disparo. Esta traba ya ha sido analizada en los supuestos de fallo de percusión, pero se vuelve a incluir en este punto por compartir el mismo método de resolución. Puede ocurrir incluso que la vaina quede atrapada, tras el disparo, entre la corredera y la parte anterior del cañón, o pillada en la propia ventana de expulsión sin permitir el cierre del arma. En este caso, con un vistazo, se comprobar que la pistola está interrumpida por el casquillo incompletamente expulsado: efecto chimenea.

Solventar una de estas interrupciones es una tarea rápida y fácil de llevar término. Una vez detectado el problema solamente habrá que girar el arma hacia el lado de la ventana de expulsión, para facilitar posteriormente la caída de la vaina hasta el suelo. A la vez que se practica el giro antedicho, habrá que tirar hacia atrás de la corredera. Con esta última maniobra se desprenderá la vaina. Tras ello, al avanzar nuevamente el carro hacia delante, se introducirá un nuevo cartucho en la recámara (siempre que todavía quede al menos uno en el cargador). Ni que decir tiene que esta maniobra, como cualquier otra, hay que efectuarla dirigiendo la boca de fuego a una zona de no riesgo. En caso de tener que solventar la traba en el transcurso de un enfrentamiento, el cañón se dirigirá hacia el agresor.

Un agarre débil, suave o flojo de la empuñadura, también provoca la no alimentación. En tal supuesto, tras disparar con la “mano-muñeca floja”, la vaina del cartucho disparado podría quedar en modo “chimenea”, o similar, interrumpiendo el avance de la corredera. Por consiguiente, la nueva alimentación no se produciría.

trabas_pistola_Doble Alimentación
Este supuesto es el que presenta más complejidad a la hora de lograr su resolución. La doble alimentación se produce cuando un cartucho queda alojado en la recámara durante la secuencia de tiro mientras otro, a la par, trata de acceder a la misma sin que ello sea posible por hallarse ya ocupada. Esto provoca la inutilización momentánea del arma. Un caos temporal, pero que puede resultar definitivo.

También podría producirse el disparo y que la vaina, durante el retroceso (buscando la expulsión), se desenganchara de la uña extractora quedando nuevamente alojada en la recámara. Esto supondría un grave inconveniente porque mientras eso podría estar sucediendo, otro cartucho habría intentado ocupar la recámara. Otras veces será el tirador quien, por no tirar completamente de la corredera hacia atrás al extraer un cartucho, dejará la bala alojada mientras que en el avance incompleto de la corredera otra haya tratado de llegar al mismo sitio, o sea también a la recámara.

Es frecuente que cuando se detecta una interrupción de acerrojamiento incompleto, principalmente por acompañamiento del carro, el tirador trate de solventarla tirando de la corredera en vez de golpearla hacia delante. Esto puede dar pie, también, a una doble alimentación.

La maniobra que devuelve el arma a situación de tiro es la más laboriosa de cuantas se han analizado aquí, hasta el momento, máxime si hay que ejecutarla bajo el fuego. Una vez detectada la traba: con la mano débil debemos extraer el cargador con energía (tirón). Tras ello hay que tirar enérgicamente hacia atrás de la corredera (dos veces, para garantizar la extracción del cuerpo alojado en la boca de carga). A la par que se hace lo anteriormente descrito, se debe girar el arma lateralmente hacia el lado de la ventana de expulsión. Incluso se podría tener que volcar la pistola por la ventana en dirección al suelo (esto dependerá del tamaño del hueco de expulsión).

Finalizada la maniobra, el cartucho o la vaina que ocupaba la recámara debería haber caído ya al suelo, pudiendo insertarse nuevamente el cargador. Únicamente quedaría volver a montar el arma, para que el primer cartucho que asoma por sus labios sea introducido en la boca de carga, por acción del arrastre de la corredera en su recorrido hacía delante.

Con el adiestramiento adecuado se puede practicar un truco que ayuda a garantizar el regreso a la situación de fuego. Se trata de rozar o golpear el cargador con el muslo, por la zona de los labios, una vez arrancando de su brocal. Con ello se consigue que el díscolo cartucho que ocupa el primer lugar en el cargador caiga al suelo. Esta bala siempre quedará sobresaliendo excesivamente de los labios del cargador y podría dar pie a una nueva interrupción. Con esto se elimina ese riesgo.

Si el cargador que se ha extraído del interior del arma posee pocos cartuchos, recomiendo dejarlo caer al suelo e introducir otro con más munición. Este abandono solo es recomendable en caso de recarga de emergencia. Una vez resuelta la interrupción, casi siempre se necesitará suficiente munición para afrontar una posible nueva defensa. Así pues, mejor no tener que efectuar otro cambio de cargador tras la incómoda y estresante maniobra anterior.

trabas_pistolaAlgunos instructores enseñan a desechar el cargador extraído y proponen usar siempre uno nuevo. La verdad es que esta recomendación se traduce en una rápida solución, pero solamente es válida para quienes portan suficientes cargadores y, además, los lleven colocados en el lugar adecuado del cinturón, cosa poco frecuente. Si el cargador que se pretende reponer está a trasmano y desperdigado sin sentido por el contorno del cinto, la maniobra no se podrá ejecutar con la celeridad deseada y necesaria. Los cargadores de repuesto deben estar, como todo el equipo, estratégicamente localizados en la cintura o en el chaleco táctico. Todo no vale en cualquier sitio. Por cierto, si se presta servicio en unidades de calle recomiendo ir provisto de dos cargadores de refuerzo, y si se trabaja en otros destinos, también. Nunca se sabe, pero tampoco se debe caer en la paranoia.

Todas estas manipulaciones se pueden realizar con bastante rapidez, pero requieren de entrenamiento guiado por instructores avezados. En una situación real de confrontación armada todo será bastante más dificultoso. Lo que en el campo de tiro resulta fácil y cómodo, en el momento crucial del “a vida o muerte” puede convertirse en una tarea imposible de llevar a término.

El Tap-Rack-Bang (TRB)
De nombre onomatopéyico, esta técnica ofrece la posibilidad de devolver el arma a la situación de fuego con garantía y seguridad. De modo muy rápido y eficaz, permite solventar casi todas las modalidades de interrupciones estudiadas en los párrafos precedentes. Las dos únicas trabas que no se pueden resolver con el TRB son la de la doble alimentación y la del acerrojamiento incompleto.

Es cierto que cada tipo de interrupción tiene una manera directa de subsanación, pero ello requiere que el tirador advierta, suficientemente, ante cuál de las modalidades de traba se encuentra. Para discernir esto con suficiente claridad habría que consumir cierto tiempo en observar el arma, pensar y decidir cuál de las técnicas conocidas se va a usar…, y luego ejecutarla. Todo esto se puede hacer en un entrenamiento (invertir ese lapso), pero es un lujo del que no siempre se disfrutará en una acción real. Además, ¿acaso en una confrontación seria se puede conservar capacidad cognitiva bastante como para poder discernir eficazmente? ¿Se mantiene la habilidad digital suficiente como para ejecutar tantas manipulaciones? No, rotundamente no. Ante tales situaciones hay que simplificar. No debemos olvidar la ley de Hick para operaciones sencillas (Hick y Hyman, 1951): el tiempo de respuesta es mayor cuando existen más estímulos donde elegir.

El nombre de la técnica TRB nace del sonido que provocan las siguientes maniobras:

– Golpe a la base del cargador: Tap

– Tirar de la corredera hacia atrás para expulsar una vaina o un cartucho alojado en la recámara, o incluso un casquillo atrapado en la ventana de expulsión, y liberar el carro para alimentar nuevamente la recámara con otro cartucho: Rack

– Finalmente, el sonido del disparo que la traba impedía: Bang

La filosofía de esta técnica consiste en que en el momento que se accioné el disparador y no se produzca el disparo, el tirador haga uso de la TRB sin demora de tiempo, aun cuando no sepa la causa concreta de la interrupción, descartada previamente la doble alimentación y el acerrojamiento incompleto. O sea:

1º.- Que golpee el cargador hacia dentro por si se trata de una mala alimentación por alojamiento incompleto del cargador.

2º.- Que arrastre la corredera y posteriormente la libere por si hubiera una vaina o un cartucho alojado en recámara (extraería el cuerpo allí instalado). Sirve también cuando una vaina asoma por la ventana de expulsión a modo de chimenea. Tras esto, el arma quedaría otra vez cargada. Puede que la pistola esté incluso sin alimentar por error u olvido, pero tras estas manipulaciones quedará lista para hacer fuego.

3º.- Finalmente, siempre que no se esté ante una doble alimentación o un acerrojamiento incompleto y si aún existen cartuchos en el cargador, ya se podría producir el bang, que es el resultado pretendido: el disparo.

Todos los supuestos descritos son fácilmente reproducibles durante los entrenamientos. Se pueden simular en las sesiones de tiro en seco y con fuego real dentro de la galería. Para ello se deben emplear cartuchos dummys o aliviapercutores, los cuales, debidamente mezclados con cartuchos cargados dentro del cargador, provocarán trabas en la secuencia de fuego real. También producirá interrupciones el uso de cartuchos débilmente cargados, pero esto puede propiciar accidentes: proyectiles encajados en el interior del tubo-cañón.

Circunstancia poco estudiada
Durante las prácticas de tiro no son pocas las ocasiones en que se detectan problemas de alimentación en las pistolas de los policías, estando motivadas, en este caso, por defectos físicos de la munición. Los cartuchos que suelen producir estos fallos serán, casi siempre, el primero o el segundo de los situados en la parrilla de salida del cargador.

Quienes trabajan con cartucho en la recámara, cosa aconsejable si se está bien adiestrado y debidamente concienciado y mentalizado, suelen meter diariamente uno de los que se encuentra en el cargador. Casi siempre se hace montando el arma de modo natural, esto es dejando avanzar la corredera. A la larga, tras muchas repeticiones, si estas balas no son permutadas por otras nuevas, la maniobra provocará alteraciones físicas en los cartuchos que día tras día son sometidos a tal fatiga.

trabas_pistola_cartuchos_defectuososSon dos las posibles modificaciones que los cartuchos pueden sufrir por esta causa: la elongación y el acortamiento. La primera modalidad aumenta la longitud total del cartucho. La otra forma es la contraria: acorta la longitud total del cartucho, por inserción forzada del proyectil hacia el interior de la vaina. Con ambas malformaciones se pueden sufrir muy serias interrupciones durante la secuencia de tiro.

Debe saberse que de repetirse día tras día la maniobra de alimentación del arma y su posterior vaciado para nuevamente proceder a la carga, dependiendo de qué tipo de rampa de alimentación posea el arma, se producirá una u otra deformación en la cartuchería. Esto ocurrirá si frecuente y prolongadamente en el tiempo se realizan tales operaciones. Estas manipulaciones suelen ejecutarse durante las prácticas de tiro, o durante la necesidad diaria de alimentar y vaciar el arma cuando se inicia y finaliza el turno de servicio.

El mero hecho de que un cartucho permanezca por un excesivo espacio de tiempo en los cargadores y en la recámara, y a la vez en sus fundas, ya es motivo de desgaste. La inercia a la que está sometido el cartucho ubicado en la recámara puede favorecer, a la larga, el alargamiento del cartucho por deslizamiento del proyectil (efecto de la gravedad). Carreras, saltos, caídas, movimientos bruscos, etc., también ayudarán a ello. La continua exposición al sol, al frío, a la humedad, a la lluvia y, en general, a las inclemencias del tiempo, afectará negativamente al mantenimiento general de la munición. Las armas y los cargadores de los profesionales de la policía, de la milicia, o del sector privado de la seguridad, están expuestos durante años a todos estos cambios y circunstancias.

El acortamiento de la longitud del cartucho se produce por el continuo choque del proyectil contra la rampa de alimentación de la recámara. Esto será más frecuente en según qué tipo de armas. Tampoco hay que despreocupar la limpieza y el mantenimiento del arma y la buena conservación y calidad de la cartuchería.

Para evitar las alteraciones métricas de los cartuchos existen varios remedios básicos y generales:

a) Se recomienda cambiar la munición de los cargadores con cierta frecuencia, sea o no sea utilizada en maniobras de ejercitación de alimentación, u otras manipulaciones.

b) Para practicar la alimentación del arma, o la resolución de interrupciones, siempre deben emplearse cartuchos de manipuleo, o aliviapercutores. De este modo se reduce la posibilidad de una descarga involuntaria y se evita fatiga innecesaria a los cartuchos cargados.

Para acabar, no me quiero sustraer al impulso de recordar que el cuerpo humano experimenta una serie de cambios biológicos y psicofísicos autónomos que afectan positiva y negativamente al comportamiento del organismo, cuando se perciben acciones hostiles graves. Uno de los puntos negativos es la pérdida de capacidad cognitiva y de habilidad motora digital. Meditar sobre qué tipo de maniobra hay que realizar y llevarla a término será algo muy complicado en tales condiciones emocionales.

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