¡OLE esos 3 taponazos!

Ante las insistentes e hirientes preguntas que algunos ‘neófitos’ me están formulado desde ayer respecto a por qué la guardia civil de El Rincón de la Victoria (Málaga) se defendió a tiros sin controlarse anímicamente para poder apuntar su pistola con certeza, para así no errar los disparos, esto les he respondido a todos, si bien estos párrafos también están dirigidos a los ‘todólogos’ que opinan sobre esta materia con la misma vehemencia que lo hacen sobre economía internacional, sobre la capa de ozono y sobre estrategias militares propias del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia:

Tan solo hace 60 o 65 millones de años que, como primates, poseemos corteza cerebral, o sea, esa área del cerebro que rige lo racional, lo lógico. La zona que gobierna las respuestas meditadas en base a lo conocido, aprendido, recordado. Sólo hace unos 60 millones de años que, como especie del reino animal, poseemos este órgano configurado para tales fines. Pero, sin embargo, la zona cerebral que rige todo lo emocional lleva en nosotros 200 millones de años. No éramos ni mamíferos aún. Y ahí, en esa región del cerebro, se halla la amígdala, esa pequeña estructura bien conectada que manda, de modo reptiliano, sobre las respuestas emocionales cuando, del modo sensorial que sea, percibimos un estímulo generador de miedo. ¡Miedo, sí, miedo! Nadie podría vivir sin experimentar miedo, canguelo, jindama.

Ante la necesidad de solventar situaciones de peligro grave, más todavía si éstas devienen inopinada, cercana y violentamente, las reacciones emocionales siempre le ganan la partida al raciocinio, al buen hacer cognitivo, a las respuestas y reacciones tranquilas y relajadas.

Ante la urgencia por hacer algo en aras de sobrevivir, se desconecta la conexión existente entre el área del cerebro racional y la zona cerebral que gestiona las emociones. Este nexo se disipa de forma temporal. ‘Ergo’, si el razonamiento requiere de tiempo y calma de cara a ejercer una adecuada toma de decisiones,  y tiempo y calma jamás habrá cuando percibimos un riesgo vital a corta distancia y la premura defensiva exija obrar ¡ya!, es por lo que en estas situaciones de a vida o muerte pocas veces podremos actuar como en los generalmente insulsos e ilusorios entrenamientos ‘Made in Entelequia’.

En estos peligrosos momentos se hace lo que se puede, si tales eventos no se han ensayado con seriedad. Todo lo demás es dejar las reacciones defensivas al albur de la improvisación. Con suerte saldrá bien. Ahora, eso sí, la suerte se puede buscar. ¿Que cómo? Muy fácil, practicando mucho y muy realísticamente futuribles supuestos en escenarios más o menos previsibles, realizando todo ello bajo la estricta y rigurosa observancia de las predisposiciones fisiológicas, biológicas, biomecánicas y evolutivo-adaptativas propias de los animales humanos. Al parecer, la neurociencia avala estas hipótesis. 

Ole, ole y ole, Carolina. ¡Enhorabuena, compañera!

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3s Comentarios

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    La actuación es del todo correcta teniendo en cuenta los parámetros y circunstancias habidas en dicho caso, habría que ver a más de uno de los que critica actuar con dichas circunstancias, que desde detrás de la barrera se ve todo muy fácil.

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    Juan Manuel López Novas

    El error d la compañera le puede pasar a cualkiera. Como muy bien explica David Berengueraas, x el estrés d combate se tiende a alejar las manos d la cara, provocando q el 75% d los taponazos vayan a las piernas

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