Legítima defensa: Cuando el último disparo sobra… o no

Al lorito, agoreros. Atentos a este párrafo extraído de la Sentencia del Tribunal Supremo 2485/2014: «En definitiva, la agresión ilegítima no es solamente el acto físico de agredir, sino la amenaza o la actitud de inminente ataque. Así, constituye agresión ilegítima toda actitud de la que pueda racionalmente deducirse que pueda crear un rehízo inminente para los bienes jurídicos defendibles y que haga precisa una reacción adecuada que mantenga la integridad de dichos bienes. Así, en palabras de la STS 5/4/1998, ‘no es preciso que el que se defiende aguarde, estoica e impasivamente, a que la agresión o el ataque se inicien’».

Podría recurrir al párrafo anterior cada dos por tres, algo que de hecho ya hago, pues no son pocas las veces que oigo, incluso en boca de personas que han cursado estudios de Derecho, que para poder defenderte de una agresión tienes que estar herido de gravedad, medio muerto o agonizando. Estoy hasta las narices de oírselo decir a policías, a mandos intermedios, a mandos superiores y a instructores de tiro; también a periodistas e incluso a presuntos juristas. Es lo que tiene opinar de lo que no se sabe, aun cuando un diploma sirva, como parapeto, para escupir peligrosa ignorancia camuflada de maestría. Lo dije recientemente en otro artículo: cuando era policía me dieron clases sobre asuntos penales un doctor en Derecho Urbanístico y un muchacho recién salido de la Facultad, que todavía no sabía ni abrir el Código Penal y que confundía hurto con falta penal, y que mezclaba detención, identificación y retención, sin dar pie con bola. No es serio, pero desgraciadamente es cierto. Tengo que decir, en honor a la verdad y dicho lo anterior, que en otros momentos también tuve como profesores a jueces y fiscales con experiencia penal.

En este vídeo se observa cómo el atracador es tiroteado con bastante eficacia, pues no solo resulta herido, sino que abandona el arma en el suelo (se le cae) al tratar de huir. La controversia surge, porque siempre surge alguna, con el último disparo efectuado por el agente de seguridad. Desde que advertimos que el malo intenta marcharse al recibir fuego contrario, a casi todos nos aporrea la idea de que el último taponazo está fuera de juego, o sea, que se realiza atemporalmente. Yo mismo lo veo así, ahora, desde la tranquilidad que me ofrece el sofá de mi estudio. Tan tranquilo y relajado estoy, que he reproducido seis veces el vídeo para tenerlo clarinete.

Pero no creo que el vigilante que súbita y sorpresivamente se vio sacudido por el chorro de tiros, desde no más de tres metros de distancia, viera y sintiera lo mismo que quienes ahora, con calma y sin percepciones de riesgo vital propio, estamos opinando sobre la concreta intervención. Ver la pistola allí tirada tal vez la viera el agente, pero desde luego, y esto es algo más que probable, sin prestarle la más mínima atención. Porque resulta que este tipo de situaciones deterioran las capacidades cognitivas y volitivas de las personas mentalmente sanas, tanto si son víctimas como si son testigos de los hechos, por lo que la toma de decisiones y la ejecución de acciones defensivas pueden ser poco acertadas, por irse de paseo la atención y la concentración. Ni que decir tiene que a más nivel formativo, tanto en el campo de la instrucción práctica como en el de la comprensión teórica de cómo funcionamos psicofisiológicamente las personas, más probable podría resultar controlar y gestionar los impulsos y las emociones.

Miguel de Cervantes Saavedra, el Manco de Lepanto, aquel que para unos fue infante de marina mientras que para otros solo fue un soldado de tierra que combatió embarcado, ya debía saber algo sobre todo esto cuando en 1605 publicó El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, una de las más universales obras literarias, la más en lengua española. «El miedo que tienes —dijo don Quijote— te hace, Sancho, que ni veas ni oigas a derechas, porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos, y hacer que las cosas no parezcan lo que son» (extraído del capítulo decimoctavo de la primera parte de la novela). VER VÍDEO:

Por cierto, qué atrevimiento el de un funcionario armado que acaba de dar su parecer sobre esta grabación en un grupo de wuasap. El pájaro, que suma veinte años de antigüedad en eso de lucir placa, lleva quince ejerciendo a tiempo completo como instructor de tiro en su plantilla. Da igual a qué cuerpo pertenezca. Lo que importa es lo que ha dicho, que es lo que sigue, faltas ortográficas corregidas: «El vigilante tenía que haber empuñado su pistola con las dos manos desde el primer tiro. Tenía que haber apuntado con calma a las rodillas y, por supuesto, tenía que haber dejado de disparar cuando el atracador enfiló la puerta, tirando su arma en el suelo. Muy mala intervención». Pero qué fácil lo ve todo alguna gente. Pero qué listos somos cuando no sabemos una mierda sobre cómo reaccionamos los monos de nuestra especie ante el miedo y la sorpresa letal. Pero qué poca vergüenza hay que tener, para no tener ninguna.

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5s Comentarios

  1. Convertidordepar

    Cuando lo vi, dada la posición del guarda, me pareció impecable por velocidad y precisión.
    Imposible de realizar sin cartucho en recámara, por cierto.
    Una vez más, impecable artículo.

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  2. Buenas Ernesto. Tu magnificencia a la hora de expresarte es para tomar nota. Asi como de la frialdad,aplomo y eficiencia con la que el vigilante afronta la situación. Sin palabras…

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  3. Víctor J Fernández

    Un vídeo más donde podemos apreciar, como bien dices Ernesto, como se comporta el común de los mortales cuando intuye que puede salir con los pies por delante. ¿No disparar cuando el cabrón que me quiere matar sale por patas? Difícil esto que pide quien quiera que sea, parece que no se ha enterado este INSTRUCTOR que cuando decidimos defendernos a vida o muerte, lo hacemos hasta que esa amenaza desaparece por completo sin ver, sin oír, sin sentir, sin piedad, porque lo único que importa es que esa fuente de peligro sea neutralizada. El vigilante pasa junto al arma del atacante, casi pisándola, y no repara en ella ni un solo milisegundo, tan solo no pierde de vista lo que aún le puede joder la vida. Señor INSTRUCTOR con quince años de experiencia, empiece usted a enterarse de que va esto y luego permítase licencias que de momento, ha demostrado usted no tener.
    Gran artículo de nuevo, esclarecedor y contundente. Gracias Ernesto.

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  4. Impecable la intervención del vigilante, menos de 3 segundos de reacción apesar de que estaba mirando a otra parte, se ha puesto a cubierto y en ningún momento ha perdido la conexión con el agresor, ha adaptado la postura de tiro a la circunstacia y lugar, y sin duda ha hecho blanco, ese tio es de 10.
    Espero que el video sea de USA porque aquí ese último disparo, por la espada, en huida y sin arma, te lleva irremisiblemente al talego o a la inabilitación profesional.
    Los americanos no conocen nuestro más famoso dicho “A delincuente que huye puentecito de plata”.

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