La pringosa y peligrosa realidad diaria de un policía que cree en lo que hace

Una vez más, como la vida misma. Esto es un suma y sigue, un no parar. Lo mismo hablo con mandos superiores que con mandos intermedios, que con policías, que con opositores. Lo mismo me escriben para ponerme a parir, que algunos hay que lo hacen y mi respuesta reciben, a veces incluso dándoles la razón; que lo mismo me cuentan sus cuitas; que lo mismo me piden consejos sobre fundas, pistolas, cartuchería o entrenamiento policial con armas. Unos son ya mis amigos, otros mis enemigos y otros, no sé si los más o lo menos, andan en vías de convertirse en una cosa o en la otra. Y es que lo admito, muchas veces soy áspero y difícil, pocas veces unas castañuelas.

Este fin de semana estuve almorzando con un mando policial de la escala de suboficiales o de la de subinspección, porque a qué cuerpo pertenezca mi colega da lo mismo, que lo mismo da. Es uno de esos amigos que he hecho a través de internet, con el que ya me he visto físicamente más de una vez, tanto en su zona de labranza como en la mía (en realidad yo ya no labro, solo ladro). El tío es viejo, y lo sabe. Tanto es así que podría llevar un trienio destinado en un boquete, mas prefiere continuar en la calle gastando suela, que no apoltronarse sobre un cojín, echando tripa y ensanchando el culo. Es un picado del ¡alto policía!; un agonía de encerrar hijos de puta en las mazmorras del castillo; un fatiga de la noche y de las luces azules; un entregado al servicio de ayudar a los buenos, sobre todo si es jodiendo a los malos. Vive el trabajo policial con la misma intensidad que cuando empezó su carrera en la dura y plomiza década de los años 80, pese a que ahora, en el siglo XXI y a punto de finalizar la singladura, se sienta más pisoteado que antaño por quienes pasan por ser sus jefes y compañeros.

Lito, como lo llamamos aquellos a los que no nos escupe la mirada de desprecio que se gasta con los policías de la sopa boba, me contaba, pan de ajo en la mano él y todo oídos yo (estábamos almorzando en un italiano), que tiene a su cargo un turno de 10 personas, una de ellas mando subordinado, y que de todas ellas solo él y un agente de la Escala Básica saben usar las 2 armas largas asignadas a la unidad. ¡Ah! Lo de Lito viene de Manolito, de Manolo, de Manuel o de Manué, según la confianza que cada cual tenga con él.

Interior de un vehículo policial con la escopeta de dotación oficial

Todavía le quedaba medio pan de ajo, con queso por supuesto, cuando empezó a blasfemar acordándose de los antepasados de la mitad de su equipo. Omito los más feos improperios: “Ernesto, tío, es que pasan de todo lo serio. Únicamente piensan en mandar mensajes de wasap, en quedar con los coleguitas para jugar con el ordenador, en comprarse el teléfono de moda y en pillarse las gafas más fashion. Nuestras prácticas de tiro son una mierda y nuestro instructor es un abuelo que no sabe nada de nada y que además, y esto es lo peor, no quiere reciclarse; pero se pasa el día presumiendo de ser experto en combate, en tiro y en armamento. Estoy hasta los cojones de quejarme de que cuando hay que sacar la escopeta o el Cetme, siempre tengo que ser yo el que cargue con una cosa, y un policía, siempre el mismo, con la otra cosa. Varios no saben ni cómo coger la escopeta y a casi todos les da miedo verme con el Cetme en las manos, cuando montamos controles. Si por lo que sea no viene a trabajar Joaquín, el que maneja con seguridad ambas armas largas, ese día solo sacamos una, porque hasta el cabo (u oficial) se rila y dice que él pasa de marrones, porque las armas las carga el diablo. Ernesto, esto me hace sospechar que el inútil éste, que es el rey de las buenas palabritas, pueda llevar la pistola sin cartuchos o con el cargador a mitad de carga. Lo que es seguro es que en el cinturón no lleva ni grilletes ni cargador de repuesto”.

Lito no me estaba descubriendo nada nuevo, pues de esto me ha hablado muchas veces y hasta lo he visto trabajar, lo cual me ha permitido conocer a casi todos los integrantes de su turno. Pero, naturalmente, yo lo dejé hablar para que se desahogara. Qué menos, ya que la comida la iba a pagar él, que la anterior corrió de mi cuenta. Una vez más, me dijo: “Mira, Ernesto, leen cada noticia que se publica sobre compañeros atacados con armas blancas. Pero las leen, se quejan sin parar de lo muy mal que está la cosa y acto seguido se mofan, naturalmente por lo bajines, de los consejos que les doy sobre autoprotección durante los cacheos, las identificaciones y las aproximaciones a los sospechosos. Les insisto en que podemos disparar ante agresiones que pongan en peligro grave nuestro pellejo, pero prefieren decir que no, que el instructor, el mierdoso del que ya te he hablado, les ha dicho que ni se les ocurra abrir fuego si no están ya heridos de bala. ¡Qué hacer frente a semejantes borricos, Dios mío! Si tienen tan claro que no se van a defender cuando los estén a punto de pinchar, doy por sentando que tampoco van a disparar contra quien pudiera estar apuñalándome a mí o a una mujer maltratada, por ejemplo. Esto es lo que tenemos, Ernesto, miedo por desidia y desconocimiento.

Si alguien se pregunta si estas cosas son inventadas por mí, ya digo que no: lo mío es narrar lo que veo, lo que oigo y lo que vivo, a veces incluso lo que siento, pues todavía no le he hincado el lápiz a la literatura creativa, que para eso hay que valer mucho más de lo que valgo, si es que acaso valgo algo. Se ve que me he convertido en el confesor de más de un servidor público de fusco en ristre, cosa que no me desagrada, porque me sirve para seguir aprendiendo. Y todo esto me empuja a parafrasear a Mariano José Larra: “Estoy condenado a escribir sobre lo que nadie quiere saber”.

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8s Comentarios

  1. Muy grande y muy cierto, el problema es la falta de miras de la gente, es decir, tú institución te enseña el no disparar, el no proporcionarte ni material ni formación.Y tú que haces? te resignas y sólo te quejas día tras día, o vas mas haya, investigas sentencias, mejoras tú formación y te gastas cantidades ingentes de dinero en material de calidad? en esa elección está el verdadero profesional, el 1 se resigna, el 2 lleva su profesión estándares que no sólo le exige su profesión, si no que se lo exige su forma de ver y entender la vida!

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  2. Víctor J. Fernández

    Desgraciadamente esto sucede con mucha más frecuencia de la que debiera. Me consta que todavía hay y quedan muchos buenos profesionales de este oficio, espero y deseo que muchísimos, porque de lo contrario, jodidos estamos. Cada día, a los que nos queda un poco de amor propio y dignidad, nos toca lidiar con dos morlacos a la vez, el de fuera y el de dentro, no sé cuál de los dos más astifino y con más mala leche. Niñatos y no tanto, que toman esto como si no fuera con ellos, que se limitan a poner la mano a fin de mes y si te he visto no me acuerdo. Como bien dice el bragado compañero, lo único que les motiva es el wasthap y a la hora de la verdad, esconden la cabeza bajo el ala, y que sean otros quienes saquen las castañas del fuego. De todos modos y pase lo que pase, van a seguir percibiendo sus salarios religiosamente, pero eso sí, sin apenas despeinarse, que para eso ya están otros.

    Gracias Ernesto por el artículo, y ánimo al compañero en lo poco que le pueda quedar hasta la merecida jubilación.

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  3. Buenas tardes Sr. Pérez.

    Cada vez que le leo parece que esté usted hablando de la comisaría donde presto servicio. Me da que la afección de la que habla está bien extendida por el territorio nacional.

    Un saludo.

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  4. Buen día! Desde Buenos Aires, Argentina, veo que en todos lados se cuecen habas… Parecen calcadas las penurias del policía de acá y de allá. Fíjate que a nuestros policías de calle les han quitado las armas largas! Solo y en contadas oportunidades llevan alguna escopeta 12/70 a trombón (y generalmente con postas de goma!!). Tanto las MK3 (similares a las Uzi) y los FAL ya no forman parte del armamento policial.
    Y el entrenamiento (o mejor dicho, la falta de) es para llorar.
    Todo esto que relato son charlas que escucho de mis amigos/conocidos policías en los polígonos donde compito en IDPA, donde aquellos uniformados que quieren ir “mas allá de lo que ofrece el estado” se entrenan por su cuenta y de su bolsillo…

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  5. Articulo escrito con verdades como puños… Es así, si haces acopio de tu herramienta de trabajo al igual que un albañil de su palustre, ten por seguro que se van a reir de ti.

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  6. anda mira… pensaba yo que eso solo sucedia donde yo curro, pero parece ser que es un virus.
    no se si sera la alimentación, la educación o la television. pero aqui si portas una bandera de tu pais te tratan de facha incluso los mismos que visten el uniforme que tu usas. como para hablar de segunda arma corta de apoyo. tercer cargador. arma larga. una pena.
    cualquier pais supuestamente tercermundista nos conquistaria

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  7. Pues eso pasaba en la Guardia Civil hasta hace poquísimo……….
    Pero desde que se imparte el Plan PATIO que incluye el Tiro y en mi Comandancia (no pongo la mano en el fuego por otras) y gracias a los dos instructores que tenemos, hemos mejorado un Potosí en el manejo de armas y confianza en su uso (me acuerdo esas líneas de tiro con compañeros/as temblando al empuñar el arma).
    Es cierto que con armas largas no tiramos mucho ni aún nos han enseñado un uso táctico, pero por lo menos han quitado el miedo a su porte/uso.
    Sí, yo llevo 25 años pisoteando las calles y fue el año pasado cuando oficialmente tiramos en doble acción en el campo de tiro (si, milagrosamente es un campo de tiro no como antaño en tierras de labranza).
    Ahora como armas largas tenemos las “novísimas” subfusil Z-70 y fusil de asalto Cetme LC (la primera que lo disparo en todos estos años de servicio, ni siquiera en la Academia).-

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  8. Como esta el patio sres., como para convencer a la autoridad oportuna de lo recomendable de un buen cartucho policial y de un tasser, eso es tabú, ni se menta. Un saludo a todos.

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