CUANDO LAS RATAS PRESUMEN DE PLACA, SIN SABER QUÉ ES SER POLICÍA

Conste que no soy amigo del policía local de Algeciras que este fin de semana detuvo en el Llano Amarillo a un borracho agresivo, intervención ésta que fue filmada con numerosos teléfonos móviles, dado que todo se llevó a cabo en un ambiente nocturno de corte hostil, pues algunas de las cientos de personas allí congregadas insultaron a la pareja interviniente, amén de lanzarles objetos.

Y digo que no soy amigo de él porque solo hemos cruzado tres palabras, en tres ocasiones, y porque además nunca hemos trabajado juntos. Pero en virtud de mi experiencia policial callejera, opino que el agente en cuestión rezuma interés y compromiso para con el ejercicio de sus competencias profesionales, pues es de los que nunca mira para otro lado, como me consta que ya ha acreditado en no pocas complicadas ocasiones.

Video de la actuación:

Por currar haciendo lo que otros eluden hacer, dejando en evidencia a los débiles de ética, este hombre fue gravemente ofendido en Twitter por quien dirige los comunicados públicos de un sindicato de policías de otras siglas. Desde el perfil de la red social de la plataforma sindical, han insultado al funcionario municipal por la detención del borracho de marras y por haber usado hace unos veranos la pistola de impulsos eléctricos, que es reglamentaria, contra un violentísimo agresor que estaba consumiendo drogas en una playa repleta de respetables bañistas. Cosas de las nuevas tecnologías: aquello también quedó grabado.

Omito a propósito el nombre del sindicato y del cuerpo al que pertenece el crítico cretino, a la sazón huérfano de lucidez policial, para no herir los sentimientos de los honrosos miembros de dicha fuerza que repudian las cobardes e injustificables ofensas que yo hoy no voy a reproducir. ¿Que por qué me meto en estas arenas? Muy sencillo. Me mojo, principalmente, porque durante años fui víctima de carroñeros, de borrachos y de corruptos de porra en ristre, de toda la gama cromática uniformada. Gente que ni hacía ni dejaba hacer, pero que públicamente pasaba por ser la hostia. Gente que, por desgracia, terminaba ascendiendo y manejando los hilos del poder, las medallas, las felicitaciones y hasta los cambios de destino.

Quiero decir, para acabar, que hay que ser muy poco policía y hay que haber sudado muy poca calle para poner a caer de un guindo a los compañeros que tienen el valor de salir diariamente a hacer lo que otros no han hecho en sus muchos años de arrastre de abrillantadas y tristes placas. Tiempo ha habido ya, en estas bastantes horas, como para que los jefes del agraviado se pronuncien por sí solitos o de la mano de los políticos, por su puesto para apoyar a la víctima de esta ignominia, escupiendo contra el lerdo autor del tuit. ¿A qué están esperando?

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