CORRER HACIA LOS DISPAROS: Actuaciones en incidentes AMOK

20 de Abril de 1999, instituto Columbine, Condado de Jefferson, Colorado, Estados Unidos. Dos individuos de los que no mencionaré sus nombres pues ese era su único objetivo, ser recordados por la historia -aunque para ello en ausencia de méritos o capacidades lo único que fueron capaces de hacer fue unir eternamente el nombre de Columbine a la tragedia y el horror-, irrumpieron fuertemente armados en el instituto y dispararon indiscriminadamente contra sus compañeros y profesores.

Fue en su día la mayor matanza en una escuela norteamericana, con 13 víctimas inocentes (12 estudiantes y un profesor) y 24 heridos, y pudo ser mucho peor, pues por suerte las habilidades de los asesinos no eran parejas a su maldad, ya que fallaron la mayoría de artefactos explosivos que habían preparado y que con la peor de las intenciones habían tratado de hacer explosionar por ejemplo en la cafetería del instituto en hora de máxima afluencia.

Imagen de alumnos y profesores huyendo del instituto Columbine

Este suceso desde el punto de vista de la intervención policial marcó un antes y un después y supuso un cambio radical en los protocolos de actuación ante este tipo de sucesos en Estados Unidos, pasando a priorizar la neutralización del atacante o atacantes lo más rápidamente posible, ya que en este tipo de crímenes en que los delincuentes ya están matando, los policías asumiendo un grado mucho mayor de riesgo, deben centrarse en la neutralización de la amenaza o amenazas lo antes posible, o como se viene diciendo, el policía debe “correr hacia los disparos”.

Imagen de una de las bombas caseras que no explosionó en la cafetería

Cuando decimos que el delincuente ya está matando lo hacemos para diferenciar claramente de otro tipo de situaciones, que aun implicando un alto riesgo para posibles víctimas (como puede ser una toma de rehenes), en este tipo de ataques no existe negociación posible ni hay tiempo que perder, el autor o autores sin entrar a valorar cuál es su motivación, qué fe abraza, qué locura guía sus actos, o por qué dios se siente elegido, ha matado y mientras la policía no actúe seguirá matando.

A este tipo de ataques es a lo que llamamos incidente AMOK, que como la mayoría de lectores sabrán procede de la palabra malaya “meng-âmok”, que significa “atacar y matar con ira ciega”. El ataque puede perpetrarse con armas de fuego, armas blancas, o como ya hemos sufrido en nuestro país con un vehículo. Por lo general los atacantes no tienen un plan de huida ya que asumen que perderán la vida en el ataque y se centran en llevarse por delante cuantas más víctimas mejor.

Esta irracionalidad extrema fue la que en Columbine quebró los protocolos seguidos hasta entonces. Antes de Columbine, los primeros intervinientes, los patrulleros, los policías de calle sin formación específica (los que dicho sea de paso llegan primero a todo), debían limitarse básicamente a acordonar y asegurar un perímetro en la zona, sin acceder al foco del problema y aguardar la llegada de los equipos de intervención especiales mientras el número de víctimas sigue aumentando con cada minuto que pasa.

Policías estableciendo un perímetro de seguridad

Basta con echar un vistazo a la cronología de los hechos de aquel fatídico 20 de abril de 1999 para evidenciar que algo tenía que cambiar:

  • 11:14 horas: Los asesinos llegan a la cafetería del instituto, donde dejan dos bolsas de deporte con explosivos caseros temporizados (no funcionaron los temporizadores).
  • 11:19 horas: Al no estallar las bombas los asesinos se aproximan a la entrada oeste y aun en el exterior realizan los primeros disparos causando las 3 primeras víctimas mortales y los primeros heridos.
  • 11:23 horas: El teléfono de emergencias recibe el primer aviso sobre el incidente.
  • 11:24 horas: se produce un intercambio de disparos entre los asesinos y un ayudante del Sheriff que prestaba servicio uniformado en el instituto. No hay heridos.
  • 11:25 horas: Una profesora amplía la información al servicio de emergencias confirmando que se trata de un tiroteo. Un profesor resulta gravemente herido por disparos. Es ayudado por alumnos y compañeros y logra refugiarse en un aula.
  • 11:29 a 11:36 horas: La barbarie alcanza su punto máximo en la biblioteca del instituto, donde en apenas 7 minutos se produce el grueso de víctimas mortales y heridos.
  • 12:06 horas: Empieza a acceder el primer equipo SWAT
  • 14:42 horas: Un equipo SWAT llega al aula donde el profesor herido se está desangrando. El profesor fallece desangrado mientras un equipo SWAT escoltaba a los paramédicos hasta el lugar donde se encontraba.
  • 15:22 horas: El primer equipo SWAT llega a la biblioteca, donde localizan los cuerpos de varias víctimas y de los asesinos, quienes se habían suicidado.

De este breve resumen de la cronología se puede destacar: Desde que se inicia el ataque transcurren tan solo 17 minutos, en los que los asesinos causan todas las bajas y heridos. El primer equipo SWAT empieza a entrar media hora después, y no localiza a los asesinos, ya fallecidos, hasta más de tres horas después de empezar su labor. Casi tres horas transcurren hasta que localizan al profesor herido, y una vez localizado precisan de paramédicos para atenderle, quienes por desgracia no llegan a tiempo pues fallece desangrado.

Uno de los equipos SWAT que intervino en Columbine

20 años después y con la amenaza ya materializada en nuestro país, ¿alguien se ha parado a pensar cómo deberían proceder las fuerzas y cuerpos de seguridad ante un incidente de este tipo? ¿Los primeros intervinientes deben solo acordonar la zona? ¿Cuánto puede tardar en llegar al lugar del suceso la primera unidad de intervención con formación y medios adecuados? ¿Deberían los primeros intervinientes ser capaces de dar una primera asistencia sanitaria básica a los heridos?

En Estados Unidos, inmediatamente después del ataque, vino el análisis y el cambio en los protocolos. Aquí hemos tardado un poco más, pero parece que por fin se ha asumido que ante un incidente AMOK no podemos perder ni un minuto y que los primeros patrulleros que lleguen al lugar deben actuar.

Con este cambio de mentalidad, y asumiendo que los primeros en llegar al lugar pueden ser una patrulla de Policía Local o un “Z” de Policía Nacional, la División de Formación y Perfeccionamiento de la DGP ha puesto en marcha una acción formativa que creo que marca el camino a seguir en cuanto a unificación de criterios de cara a la intervención, coordinación y cooperación entre cuerpos policiales.

Así, el pasado mes de marzo en Guadalajara se celebró la primera edición de un curso destinado específicamente a Policías Locales con el fin de formar a miembros de cuerpos locales de toda España en las técnicas y procedimientos a utilizar ante incidentes AMOK. Los asistentes eran en su mayoría agentes con responsabilidades formativas en sus cuerpos de origen, tales como instructores de tiro o de táctica policial, que asumían el compromiso de trasladar lo aprendido a todos los miembros de sus respectivas plantillas, para con ello conseguir una formación homogénea en la materia, igual que la recibida por un patrullero de Policía Nacional, haciendo posible una hipotética intervención conjunta. Mismo objetivo, misma formación.

Patrulleros entrenando intervenciones en incidentes AMOK en colegios

En la instrucción participaron miembros Operativos del GEO y miembros ahora destinados en la División de Formación y Perfeccionamiento de la Dirección General de la Policía, que con gran implicación y la profesionalidad que se espera de la elite de nuestra policía supieron transmitir las pautas de actuación de cara a la neutralización de la amenaza y la primera asistencia sanitaria a los heridos.

Sin duda, creo que este es el camino: formar a los policías que primero responderán al incidente, homogeneizar la formación, fomentar la cooperación entre cuerpos y no desperdiciar recursos. No se trata de sustituir a los grupos de intervención, ni mucho menos, pues el nivel de preparación no es ni siquiera comparable; pero por desgracia los tiempos de reacción de estos grupos, por su centralización y la rapidez y brevedad de estos ataques, hacen necesario formar a los policías que por lo general serán los primeros en llegar al foco del problema, los patrulleros.

Policía Local y CNP en servicio conjunto

Sirvan estas líneas como agradecimiento por el trato recibido durante nuestra estancia en las instalaciones del GEO en Guadalajara y sobre todo para reconocer lo positivo de esta vía de trabajo en la que se tiene claro que el objetivo de un policía es el mismo, con independencia del color de uniforme que vista.

Luis Trejo Delgado
Ultima Ratio Formación Policial
ultimaratioformacion@gmail.com

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