ABSOLUCIÓN A PUÑALADAS

Algunos me insultarán por lo que expongo en este artículo. Pero créanme, me resbala, me la suda. Me suda la polla, que hubiese dicho un galeno siglos atrás, porque esta expresión, hoy soez y altisonante, es una antiquísima definición médica respecto a los síntomas de una patología relacionada con la fiebre, o eso dicen.

No es la primera vez que descubro o recibo sentencias judiciales, en este caso de manos del policía nacional Pepe Moreno, merecedoras de ser enmarcadas. Sabrosas resoluciones, dignas de chuparse los dedos. Tediosos párrafos que un servidor medio refunde, sintetizando la sustancia en artículos de opinión. En mi afán nunca está ser el más listo de la clase, algo que jamás fui en ningún periodo académico por mí vivido. Solo me mueve mi particular cruzada contra el despropósito que a diario siembran los agoreros. Y como si acaso sé de algo es de aquello que me apasiona, o sea, de la Policía y de sus funciones, pues aquí estoy de nuevo para poner a los pies de los caballos a los que vociferan, siempre bien nutridos de ignorancia, que nunca un policía puede salir bien parado judicialmente del trance de defender a tiro limpio su vida o la de terceras personas.

Muchos profesores de policías, aduaneros y vigilantes, sostienen, tanto en las aulas como en las líneas de tiro, y por Dios que no miento, que sacar la pistola o el revólver de la funda es una locura, amén de una temeraria infracción penal, aun cuando la extracción y exhibición del arma se hagan frente a quien esté dando indicios claros de, en un tris, lesionar gravemente a alguien. Mis lectores saben lo mucho que me gusta mandar a tomar por el anillo de cuero a quienes envenenan a sus alumnos con tan nefastas y falaces lecciones. Pero hoy no lo haré. Hoy no los enviaré a sitio alguno, sino que los dejaré pudriéndose en sus miserias mientras leen esto, si es que alguna vez leen algo que no sean las instrucciones de uso de los tampones rectales.

Entro en materia. La mala mañana del 27 de noviembre de 2008, a eso de las ocho y media, Borja fue alertado por el portero de la finca en la que residía, sobre los golpes y las peticiones de socorro que se oían en el interior de su vivienda. Pongamos que hablo de Madrid, de la capital del Reino de España. Borja, que en esos instantes estaba trabajando en un bar muy próximo a su domicilio, echó a correr como un loco. Como único arma portaba las llaves de acceso a su morada, como así quedaría luego acreditado ante numerosos jueces, pues lo narrado llegó a la Audiencia Provincial de Madrid (APM), al Tribunal Superior de Justicia de aquella comunidad autónoma (TSJM) y al Tribunal Supremo (TS). Las tres veces quedó probado que el hombre se topó con una escena dantesca, una vez se hubo personado en el rellano de su casa: su pareja sentimental yacía ensangrentado como consecuencia de haber recibido varias puñaladas, y rodeado de enseres personales extraídos violentamente del interior de la vivienda. Menudo numerito.

De todo lo anterior fueron testigos algunos vecinos de las víctimas, constando que no solo habían avisado a Borja, sino que, igualmente, habían girado llamadas telefónicas a los servicios de emergencia. Así las cosas, Borja trató de acceder al interior de su casa, mas otro hombre se lo impidió con suma agresividad, esgrimiendo un cuchillo. En ese instante se produjo una feroz lucha física entre ambos actores, hasta que el damnificado, en un momento dado, logró endiñarle cuatro cuchilladas a su antagonista. La faca estaba allí mismo, en el lugar de la pelea, quiero decir que Borja no la llevaba consigo, sino que la agarró in situ, usándola como único objeto presente capaz de frenar, con eficacia, un más que presagiable resultado fatal. Porque se trataba de eso, de neutralizar la agresión o de terminar malherido. Hablamos, obviamente, de una agresión ilegítima, no provocada por quien se defendía. En estas situaciones poco o nada importa ser camarero, cual es el caso de Borja, o ser policía, cual es el caso de casi todos los que estáis ahí enfrente leyéndome.

defensa_cuchilloEl criminal de esta película murió, fruto de las lesiones provocadas por los diez centímetros de hoja que tenía el cuchillo asido por Borja en el fragor del enfrentamiento, en tan desesperado intento por sobrevivir. Tres puñaladas penetraron por la espalda, tocando los pulmones; penetrando la otra por el torso, afectando directamente al corazón. Al carajo. Por cierto, Borja no resultó lesionado, por lo cual los antedichos profesores cultivadores de la desidia y del desánimo fijo que lo crucificarían, toda vez que postulan la absurda tesis de que para defenderse con contundencia se tiene que estar ya herido de consideración, incluso si la situación presenta desde el principio caracteres de potencial letalidad para la víctima. Al carajo estos también.

Pues bien, el 27 de marzo de 2013, mil quinientos ochentaidós días después; doscientas veintiséis semanas más tarde; o lo que es lo mismo, trascurridos cincuentaidós meses; la APM dictó sentencia absolutoria. Sí, Borja no fue condenado por acabar con la vida de aquel malnacido. No obstante, la familia del finado recurrió la absolución, resolviendo el TSJM en contra de nuestro protagonista. Pero claro, como era de esperar, el recurso acabó en la Sala de lo Penal del TS. Fue aquí, en la cúspide del Poder Judicial, cuando todo fue devuelto a su punto de inicio: la STS 2485/2014 (Sentencia del TS) otorgó firmeza a la primera sentencia absolutoria, dictada como tal en virtud del veredicto de un Tribunal del Jurado.

Echémosle un vistazo a estos sustanciosos extractos de la resolución del Supremo:
En su defensa empleó los medios y formas racionalmente proporcionados a la agresión sufrida y que encontró a su alcance, y la agresión de la que se defendía no fue provocada por Borja. A consecuencia del shock emocional sufrido al llegar a su domicilio y hallar en él a su compañero sentimental gravemente herido y sus enseres destrozados, y verse él mismo envuelto en una pelea con un desconocido, obró bajo los efectos de una completa pérdida del control de sus impulsos que anulaba plenamente su capacidad para comprender la realidad y obrar conforme a dicha comprensión.

“En este sentido, decíamos en la STS 470/2005 de 14 de abril, siguiendo la doctrina de la STS 17/11/1999, que el artículo 20.4 Código Penal no habla de proporcionalidad de la defensa y el medio empleado, advirtiendo que la palabra ‘proporcionalidad’ no ha sido empleada por el legislador, pues éste ha partido de una clara distinción entre defensa necesaria y estado de necesidad. Lo que la ley expresamente requiere para la defensa es la ‘necesidad racional del medio empleado’ para impedir o repeler la agresión. Esta necesidad hace referencia a que la defensa sea adecuada (racional) para repeler la agresión y defender los bienes jurídicos agredidos; pero en modo alguno entre los resultados de la acción de defensa y los posibles resultados de la agresión debe existir proporcionalidad, es decir, como precisan las SSTS 29/2/2000; 16/11/2000 y 6/4/2001, no puede confundirse la necesidad racional del medio empleado, con la proporcionalidad como adecuación entre la lesión que pueda ser causada con el empleo del objeto u arma utilizada y la que se quiere evitar, pues la defensa está justificada en base a su necesidad y no por la proporcionalidad mencionada”.

“Sólo excepcionalmente, cuando la insignificancia de la agresión y la gravedad de las consecuencias de defensa para el agresor resulten manifiestamente desproporcionados, cabrá pensar en una limitación del derecho de defensa (los llamados límites éticos de la legítima defensa). […] Dada la perturbación anímica suscitada por la agresión ilegítima, no puede exigirse el acometido la reflexión, serenidad y tranquilidad de espíritu para, tras una suerte de raciocinios y ponderaciones, elegir finalmente aquellos medios de defensa más proporcionados, con exacto calculo y definida mensuración de hasta dónde llega lo estrictamente necesario para repeler la agresión (STS 14/3/1997, 29/1/1998, 22/5/2001)”.

“Por tanto, constituye agresión ilegítima toda actitud de la que pueda racionalmente deducirse que pueda crear un riesgo inminente para los bienes jurídicos defendibles y que haga precisa una reacción adecuada que mantenga la integridad de dichos bienes, sin que, por tanto, constituyan dicho elemento las expresiones insultantes o injuriosas por graves que fuesen, ni las actitudes meramente amenazadoras sino existen circunstancias que hagan adquirir al amenazado la convicción de un peligro real o inminente, exigiéndose ‘un peligro real y objetivo y con potencia de dañar’”.

“En definitiva, la agresión ilegítima no es solamente el acto físico de agredir sino la amenaza o la actitud de inminente ataque. Así, constituye agresión ilegítima toda actitud de la que pueda racionalmente deducirse que pueda crear un rehízo inminente para los bienes jurídicos defendibles y que haga precisa una reacción adecuada que mantenga la integridad de dichos bienes. Así, en palabras de la STS 5/4/1998, ‘no es preciso que el que se defiende aguarde, estoica e impasivamente, a que la agresión o el ataque se inicien’”.

Opinión del autor, al que como poco, algunos tildan de cascarrabias (ojalá solo me llamaran eso):
No es la primera vez que aparezco diciendo que la Justicia continuamente utiliza y valora el significado del vocablo ‘racional’, en detrimento del archimanido y malentendido ‘proporcional’. ¿Pero qué es lo racional o la racionalidad? Es la capacidad que permite pensar, evaluar, entender y actuar de acuerdo a ciertos principios de optimidad y consistencia, para satisfacer alguna finalidad. Cualquier construcción mental llevada a cabo mediante procedimientos racionales, tiene, por tanto, una estructura lógico-mecánica.

En lo que nos toca a este respecto, hay que empatizar con el actuante poniéndose en su misma situación, para saber o imaginar hasta qué punto se puede pensar, evaluar, entender y actuar en tan adversas circunstancias. Y los juristas lo hacen, si bien hay que saber hacerles entender qué sucede dentro de las personas cuando pasan estas cosas. Pero si en el seno de la propia comunidad policial abundan los zoquetes peinaovejas que abanderan la mentira, cómo coño vamos a enseñar nada de nada a los de la toga negra. Si los que deben saber no saben y además se niegan a saber, solo queda recoger la cosecha, el fiasco en rama.

Borja no era policía, pero de haberlo sido tampoco se le hubiese podido exigir utilizar otros medios que no fuesen los que se encontrasen a su alcance, en el momento de ser atacado; medios que, por otra parte, contasen con capacidad para suprimir el riesgo. Subrayar, también, que a un agente de la autoridad se le ha de considerar tan humano como a Borja, en el sentido de poder llegar a obrar bajo los efectos de la completa pérdida del control de sus impulsos, según sean las circunstancias del evento y la formación adquirida por el actuante. ¿O es que acaso la placa, la porra y la instrucción otorgan poderes sobrenaturales? Esta triada ayuda, aunque no siempre. Aun así, ¿se instruye mucho y bien a todos los policías? Yo aseguro que a la mayoría se le adiestra poco y mal, cuando no incluso nula o negativamente.

Lo ven, amigos y enemigos míos, estar lesionado para iniciar la defensa no es un requisito legal, hasta cuando las acciones defensivas pudieran derivar en heridas incompatibles con la vida. Tanto es así, que no poca jurisprudencia considera ajustado a derecho comenzar la acción defensiva incluso sin que se hubiese producido todavía el ataque, pero siempre que éste se prevea de inminente perpetración. Y si se es agente de la autoridad, más aún. Asimismo, y me reitero apropósito, los jueces y magistrados saben que reflexionar con serenidad, mesura y cálculo, no siempre es posible, cuando el ánimo de vivir se halla abducido por la cercana idea de perecer. Eso sí, por favor, aprendamos sobre la dinámica y los engranajes que intervienen en los enfrentamientos entre Homo sapiens, porque debemos ser los implicados quienes convenzamos con la fuerza de los hechos, con la verdad.

Pero mañana, cuando vuelva a salir el sol, volveremos a leer estúpidas quejas y bochornosos consejos sobre lo inapropiado y antijurídico que resulta defenderse de quienes nos acometen con machetes, con bates de beisbol, con patadas en la cabeza, con destornilladores, con lascas de cristal y hasta con pistolas que están por sonar, porque solo nos están apuntando y amenazando con mandarnos al otro barrio, o simplemente nos están tratando de desarmar, tal vez sin malas intenciones. Y es que estamos rodeados de buenistas, de gilipollas y de catetos de lo policial. Vamos todos apañados, nosotros y la sociedad.

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7s Comentarios

  1. Estoy en completo acuerdo con lo aquí publicado, y en todos sus anteriores artículos.
    Siempre me he puesto en el caso de un, pongamos, ciudadano del este de 120 kgs de carne magra, 1.95 m y envergadura propia de un armario ropero, que presta servicios de portería en locales diversos de la noche. Un gorila de estos se arranca contra mi, y estaría igual de expuesto de estar en una plaza de toros delante de un Miura.
    Soy un niño a su lado, no soy Van Damme, ni Steven Seagal, ni Bruce Lee, si ese tío me agarra me hace un nudo y luego me mete los grilletes por el orto, se lleva mi arma y no me dispara porque mancha mucho, con partirme en dos sin romper el envoltorio tendría suficiente.
    Con las convenientes pruebas de estar dañando a terceros, suficientes advertencia verbales, identificándome como miembro de las FF.CC.S.E. , desenfundo, y se viene contra mi, se lleva tantos taponazos como vea necesarios para detenerlo, ya que segregando adrenalina a litros, y quién sabe si con aliño Colombiano, un fulano así, quizás un par de plomazos tampoco lo paren.
    Sería este un problema?, como armas manos como la pala de una retroexcavadora, y brazos como jamones.

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  2. Buenos días:

    Sé que mi comentario llega un poco tarde, pero quería tener tiempo para leer un artículo que me prometía ser interesante. Y así ha sido.

    No soy policía, trabajo cerca de ellos porque soy funcionario. Así que tras la lectura extraigo mis propias conclusiones que gustarán o no. Cómo no el autor ha orientado la redacción en la línea que le interesaba, lo cuál no quiero que se entienda como una crítica, sino la materialización de que la prensa imparcial no existe. Sobre el tenor supongo que habría aspectos en los cuales no coincidiríamos pero voy a destacar dos: una directa, otra indirecta. La directa significa que el autor, voluntaria o involuntariamente ha puesto sobre el tapete el difícil trabajo de los legisladores, nos guste o no es así, a la hora de racionalizar comportamientos primarios y primitivos tan humanos como los que describe el autor. Y más cuando el tema llega al TS y corre el riesgo de sentar jurisprudencia. El autor, queriendo o sin querer, está dando por bueno uno de los cimientos sobre los que se asienta el sistema jurídico español, y que lo expresaré con un término tan sencillo que lo entenderá todo lector: la prudencia. En la judicatura se acertará o no, pero cualquier tema conflictivo socialmente y que ha tenido trayectoria jurídica de, digamos, un par de siglos, verá, si revisa la teoría al respecto, los vaivenes teorico-filosóficos que atraviesan. En síntesis: entiendo que es complicadísimo llevar al terreno racional judicial el acto violento de un policía, dejando de lado si fue legítimo o ilegítimo.

    La indirecta trata sobre el párrafo antepenúltimo donde el autor indica que una porra y una placa no le dan al policía un poder sobrenatural. De acuerdo hasta cierto punto. Si lo aplica Ud. al relato del artículo, suponiendo que el señor Borja, es un policía, podría actuar como el Borja protagonista o no. Asumiría las dos opciones como posibles y aceptables, con el matiz de que un Borja policía inconscientemente se defendería con más habilidad que un Borja camarero, porque, lo queramos entender o no, lo que se enseña en las academias de Policía queda grabado en nuestras mentes. ¿Ejemplo de manual?: las lindas palabras que emplea el autor hacia los profesores. Pero no, mi pretensión no iba por ahí. Es cierto que en una situación tan grave como la descrita, un agente de policía puede reaccionar de la manera más insospechada, pero hay una situación MUY PREVISIBLE, como son las manifestaciones, donde se PREVÉ violencia y en las que hay policías que actúan como si no hubieran pasado por la academia correspondiente. Ahí, en ese caso, hay una previsión en todas sus variantes, y los agentes han de aplicar lo aprendido en la academia: que no se puede salir tras el primer manifestante que tira la primera piedra como si fuéramos primates. Que, nos guste o no, hay que saber aguantar la presión o si no dedicarnos a otras actividades. Recuerdo un video de una ciudad estadounidense donde la fila de antidisturbios retrocedía ordenadamente mientras la violencia de los manifestantes no adquiriera un nivel determinado. Y veo que en España, por lo que sea, aún hay muchos ejemplos de antidisturbios que creen que la placa les da un poder sobrenatural.

    Es decir, se puede criticar a la judicatura, pero cuidado porque es fácil que nos saquen aquella frase bíblica de “ver la paja del ojo ajeno…”.

    Pero bueno, artículo interesantísimo incluso en aquellas partes que no me han gustado tanto.

    Atentamente,

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  3. Hola:

    No salgo de mi asombro al leer la crítica que usted hace del artículo, señor “un lector”, que habla de un caso concreto en el que está en juego la vida del mencionado “Borja”, o Pepe, o Juan….. Y va usted y lo mezcla con actuaciones en manifestaciones diciendo que “lo queramos entender o no, lo que se enseña en las academias de Policía queda grabado en nuestras mentes”.
    Casi un cuarto de siglo me contempla en un Cuerpo Policial de nuestro país. Todos los días aprendo algo nuevo, y lo que sí estoy en disposición de afirmar, dentro de mis numerosas limitaciones, es que las pocas nociones de defensa personal que me dieron en la Academia, allá por el 92, se han quedado en eso, nociones, y además oxidadas. Insisto en la idea que ofrece el autor ,la placa, la porra y la instrucción NO otorgan poderes sobrenaturales.
    Que más quisiera yo que ser Bruce Lee y poder desarmar a un energumeno de un par de bofetadas, pero ….. me temo ue no va a ser así, lo veo imposible.
    Espero encarecidamente que no se vea usted en una situación similar (ni yo tampoco), porque cambiará sus ideas rápidamente, y se acordará de lo dicho aquí.
    Un saludo

    (Lamento no tener más tiempo para extenderme)

    Responder
  4. Hola de Nuevo:

    Vaya por delante, y dado que lo que escribo , aparte de ser una reflexión, es en cierto modo una “respuesta” a las opiniones de “Un Lector”, que mi ánimo está lejos de querer ofenderle o importunarle, y si así se siente le ruego que acepte mis más sinceras disculpas.

    Comienza usted diciendo que no es policía, pero trabaja cerca de ellos porque es funcionario, aunque no dice de que tipo. Yo los funcionarios que más cercanos veo a los policías son, los que propiamente trabajan en las Comisarías (DNI y algunas secretarías) y en los Juzgados, y creo que (es mi opinión), salvo pocas excepciones, esos funcionarios conocen a “personas que son policías”, pero están muy lejos de saber lo que es trabajar como policía. No es la peor profesión del mundo, de hecho tiene muchas satisfacciones, pero créame, tiene su miga, sus sinsabores y sus frustraciones, amén de muchas otras cosas que echarse a la espalda.

    Comienzo yo por donde usted termina “Un Lector”, comentando lo que opina sobre las actuaciones en las manifestaciones en las que “hay policías que actúan como si no hubieran pasado por la academia correspondiente” ….. Pues mire usted, sí, puede haberlos, los hay de hecho, y por ellos, muchos de nosotros cargamos con el sanbenito de “policía asesina, violenta etc, etc…”. Pero también le recuerdo la innumerable cantidad de manifestaciones que se saldan sin un solo herido, sin un solo detenido, sin un solo altercado, y eso no es porque la policía esté bien preparada, que también, sino porque la manifestación es pacífica. Yo aún no he visto a ningún policía que salga “tras el primer manifestante que tira la primera piedra como si fuéramos primates. Que, nos guste o no, hay que saber aguantar la presión o si no dedicarnos a otras actividades.”
    Aguantan, y aguantan mucho, créame, y si en una de esas, usted, en su derecho a manifestarse, aún anda por la manifestación, en el lugar en el que se esperan las situaciones MUY PREVISIBLES, donde se PREVÉ violencia……. ESTÁ COMETIENDO UN ERROR, SE ESTÁ EQUIVOCANDO, y donde debería estar es caminando hacia su casa, o a tomarse un café, una cerveza o lo que más le apetezca, y no en el núcleo de los altercados, porque es muy probable que acabe con un porrazo o con una pedrada o botellazo en la cabeza (porque imagino que usted “un lector” es un ciudadano responsable y no se dedica a destrozar escaparates ni lanzar objetos a la policía.
    La policía no es violenta, sino que, en el 99 por ciento de los casos, actúa para reducir a unos individuos que no acepta que se les afee la conducta por sus muy reprobables comportamientos, que no hace falta que le enumere, ¿o si?. A mi también me han tocado médicos ineptos, dependientes, funcionarios, abogados…… En todos los sitios cuecen habas, y no por eso debemos generalizar. Pero bueno, eso es harina de otro costal, el artículo no va de eso, aunque usted haya aprovechado para sacar a relucir el tema de las manifestaciones.

    Y ahora al tajo, que me ha gustado a mi el comentario de “lo que se enseña en las academias de Policía queda grabado en nuestras mentes”.

    Llevo ya la friolera de 24 años de servicio, y habrá muchos de los que leen estas líneas que lleven más tiempo que yo, pero aún más que lleven bastantes menos años de servicio que los que cargo yo en mi macuto. Y creo sin temor a equivocarme que tanto unos como otros estarán de acuerdo conmigo en que lo aprendido en la academia, y hablo únicamente de lo “práctico”, aparte de ser unos pocos “rudimentos” si no se practica, no digo ya diariamente sino semanalmente, sirve de bien poco.
    Tengo compañeros que les gusta el tema, y practican en gimnasio con asiduidad…. Pagándolo ellos de su propio bolsillo. Y no creo que la mayoría de ellos esté en condiciones de enfrentarse a un individuo armado con un cuchillo, con un claro ánimo de causar daño, con la sola ayuda de su defensa y sus grilletes. Pero el común de los policías le aseguro que no recibe más formación en defensa personal, engrilletamientos e inmovilizaciones que la recibida en la academia. Y si, queda grabado en nuestras mentes, pero otra cosa es ponerlo en práctica. Y no es lo mismo volver a coger una bicicleta o unos patines después de veinte años sin andar con ellos, con sus protecciones y su casco, que enfrentarte a un hombre armado con lo aprendido, en mi caso, hace 23 años en la academia, y sin tan siquiera un chaleco antibalas, anti trauma o anticorte, que no ha tenido a bien dotarme la administración aún.
    La norma dice “oportunidad, congruencia y proporcionalidad” a la hora de usar la FUERZA (que no violencia) en una intervención de las FF.CC.SS. y también dice :

    4.- El agente sólo hará uso de armas en las situaciones en que exista un riesgo racionalmente grave para su vida, su integridad física o la de terceras personas, o en aquellas circunstancias que puedan suponer un grave riesgo para la seguridad ciudadana y siempre de conformidad con los citados principios de oportunidad, congruencia y proporcionalidad.

    5.- Está terminantemente prohibida la utilización, durante la detención o en cualquier otro servicio policial, de armas que no estén incluidas en los equipamientos oficiales de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o cuya utilización no haya sido autorizada expresamente.

    Pues bien, en un caso como el que relatan en el artículo, la cosa está meridianamente clara. Yo dispongo de unos conocimientos limitados en inmovilizaciones, que puedo llegar a efectuar con algo de seguridad siempre que el individuo al que me enfrento no vaya armado y no sea, digamos, corpulento. También dispongo de una placa (no me sirve como defensa), una “porra”, unos grilletes y una pistola.
    La ecuación es sencilla:
    Desarmado, si dispongo de compañeros fuerza física, si estoy sólo puede que tenga que echar mano de la defensa.
    Armado con un palo pequeño y poco contundente , defensa con compañeros, sólo …. Depende de la situación concreta.
    Armado con cuchillo…… pistola, sin dudar.

    Luego está el miedo….. Quién ha dicho que un policía no tiene miedo? No recuerdo en que asignatura de la academia me enseñaban a no tener miedo. Le puedo asegurar que a lo largo de 24 años he visto casi de todo, y me he tenido que tragar muchas situaciones en las que he pasado miedo. Aún así he tirado para adelante y he intervenido lo mejor que he podido, lo mejor que mis conocimientos y la situación me ha permitido.
    Que habrá quién en la misma situación haya pasado menos miedo?, seguro, y más miedo también.
    A donde quiero llegar es a que los policías son personas, y que igual que usted, igual que el vecino, nos pasan diez mil cosas por la cabeza en un momento de tensión extrema…. O nos quedamos en blanco, no sabes nunca hasta que no te enfrentas al hecho concreto.
    Si algo he aprendido en todo este tiempo es que no hay dos intervenciones iguales, aunque se originen de la misma manera. De hecho, creo que en el mismo supuesto, dos veces seguidas, actuaríamos de manera distinta, bien por un gesto que haga el contrario, por algún detalle que la vez anterior nos pasase desapercibido, o únicamente por la experiencia adquirida. A día de hoy, la experiencia me dice que mejor dar las explicaciones al Juez que las tenga que dar el forense por ti. Veremos que ocurre si me veo en la situación(espero que no).

    Y los Jueces…… esos grandes incomprendidos……

    Bien, es cierto que tienen muchas veces las manos atadas, y la ley es la que es, que no olvidemos, es su herramienta de trabajo. Pero también es cierto que a un individuo con más de cuarenta antecedentes, por recordar alguno con los que trato, no debería de tener una aplicación suave de la Ley, sino todo lo contrario. Un individuo con ese historial es de todo menos reinsertable. No hablamos de un error de juventud, no hablamos de una época pasada llena de dificultades y problemas, hablamos de delinquir como modo de vida.
    No quiero ahondar en el tema, porque al igual que los policías, los jueces son personas, pero…… hay muchas resoluciones que no se entienden, se miren desde el ángulo que se miren

    No me quiero extender (aún más), el tema da para largo, pero estaré encantado de debatir con usted “un lector” cualquier opinión que tenga al respecto, contraria o no.

    Un saludo.

    Responder
    • Estimado Mitch:

      Que no sea por no aportar y para que el contexto sea todo lo completo que pueda ser.

      Tengo que mantener el anonimato digamos que por cuestiones “geográficas”. Tengo relación prácticamente directa, todos los días, con policías; con agentes que están más en la calle que en la oficina. Permítame que lo deje así, sin más concreción, por lo del anonimato. Lo de “Un lector”, como seudónimo, es mi sencillo homenaje a un maestro, para mí más que profesor, que dejó huella mientras nos enseñaba literatura de la Generación del 98. Más concretamente los efectos del contexto político de entonces y sus consecuencias en los literatos y periodistas del momento. Así, seudónimos parecidos a éste eran muy corrientes en la prensa diaria sobre todo, por lo menos donde resido.

      En cuanto al contenido del artículo, cuando decía en mi intervención que un agente de policía actuará de manera más ordenada o reglada que un ciudadano normal en un suceso como el relatado por el autor del artículo, lo hacía desde una perspectiva, digamos, psicológica. No lo cité así, y quizá ello llevara a confusión. Lo ilustraré con un caso personal. Un familiar directo de quien esto suscribe, de primer grado, falleció de forma traumática… prácticamente delante de mí. Pues bien, transcurridos años, aún no comprendo cómo puede actuar con la sangre fría que lo hice. Pese al choque emocional, del que uno nunca se recupera, recordé todo lo que tenía que hacer: primeros auxilios, protección perimetral, etc., etc. Hasta ese momento yo no recordaba nada de lo que me habían enseñado para esas situaciones. Nada. Pero llegado el momento, y como un autómata, hice lo mejor que puede lo que me enseñaron… Hoy es el día en el que no recuerdo (sin mirar) los números de una recuperación cardiopulmonar (¿15-2 quizá?). Parece mentira cómo la mente recupera información que necesita.

      Dice Ud. que recibió instrucción rudimentaria. Quizá, pero estoy convencido, porque los humanos somos muy parecidos, de que recordará lo aprendido llegado el momento; y actuará –continúo convencido de ello– de una manera más reglada que un ciudadano normal en un, supongamos, atentado terrorista. Como decía un amigo mío: “te apuesto un regaliz a que lo recuerdas”.

      Cambiando de tercio, yo no quemo contenedores…, pero, a veces, no es por falta de ganas… viendo como está España, pero hasta un policía jubilado me cazaría…, y por ese miedo…

      Al margen del apunte jocoso, habla Ud. del miedo. Por supuesto. Era Nietzsche, si no recuerdo mal quien decía que el auténtico valor consiste en dominar el miedo, y por ahí iban mis tiros cuando apuntaba el aguante, del saber estar, del que hay que dotar a los agentes. Y de ahí sí que no me muevo. No tiene el mismo valor el “radical libre”, que se dice en oncología, de determinados policías en los 80 y 90 en una concreta comunidad autónoma y sus manifestaciones, que los sucesos generados en el entorno del 15-M. Y no le estoy dando al 15-M ningún sentido peyorativo, únicamente quiero poner un ejemplo. Cuando veía las imágenes de Madrid con esas manifestaciones, y como dicen en Valladolid, “se me cayeron los palos del sombrajo”. Deducía que había demasiados agentes, y sé que es una valoración subjetiva, que iban por libre, incluso cuando se les grababa. Para mí, ahí hay (o me parece) una laguna en formación y control. Sé que el control es difícil, y conozco algo, y pongo otro ejemplo, sobre las revisiones psicológicas que pasan los agentes de la Guardia Civil y, pese a ello, ahí está el siempre importante número de suicidios que se dan en el Cuerpo. El control es difícil, pero hay que incrementarlo, y la formación revisarla para dar con los fallos.

      De todos modos, Ud. lo explica mejor que yo desde la experiencia directa, pues advierte de las carencias en formación y, consecuentemente, entiende que trae consecuencias. Diría que estamos hablando de algo similar con paleta de color diferente.

      Y no puedo olvidar la imagen del video “yanqui”. Lo cortés no quita lo valiente y, cómo los policías retrocedieron, en formación, mientras el grado de violencia no alcanzó lo que entendieron era su Rubicón.

      ¿Sobre los jueces? Pues sí, también tiene Ud. razón con lo que dice. A veces siento que la analogía del Derecho no ha desaparecido aún del corpus juridico-legal español. Y pondré un ejemplo (que para algunos lectores será inapropiado) que también he conocido muy de cerca. Primera premisa: “ud. es gitano”. Segunda premisa: “ud. lleva un televisor en las manos”, ergo es Ud. un chorizo y va a la cárcel. Ese comportamiento se da entre los jueces pues hoy en día la justicia española es una telaraña que atrapa a los insectos pero deja escapar a los pájaros.

      Pero no, en mi primera intervención hablaba del “legislador”, en abstracto, de todas las personas que, a lo largo de los siglos, han conducido al Derecho a donde está; lo racional que debe ser este proceso y lo irracional que es trasladar a la lógica del Derecho un acto primario y, muchas veces, poco racional como el ejemplo del autor del artículo. Nosotros tenemos nuestro ejemplo paradigmático: las leyes de armas. Y los debates que se generan cada vez que hay alguna modificación… ¿o no es un buen ejemplo?…

      Igual que hay que controlar al policía influenciado por las películas de Rambo, igualmente hay que controlar al juez que cree que levita y lleva el aura divina. Supongo que por eso se dice que en botica hay de todo.

      Y por supuesto que, en ningún momento, he querido criticar al autor. Aportar sí, desde una óptica diferente si se quiere, y generar debate también. Porque sin debate no hay avance. Y ya a título personal, me pacería triste, siendo el autor del artículo, que no despertara ninguna inquietud entre mis lectores. Como decía Unamuno, hay que discutir hasta descoyuntar las palabras.

      Atentamente,

      Responder
  5. Hola de nuevo:

    No tengo mucho tiempo ahora, quizá luego me extienda si encuentro un rato.

    Sólo puntualizarle dos cosas, si me refiero a usted como “un lector” es porque no tengo otro modo de dirigirme su persona. Tranquilo, entiendo que quiera conservar el anonimato, igual que yo. Viendo la forma en que usted escribe me inclino a pensar que se “esconde” tras el seudónimo por prudencia, y no por ocultar nada.

    Estoy de acuerdo en lo del control a los miembros de las FF.CC.SS, que debería ser más completo y exhaustivo. Pero también creo que para exigir responsabilidades hace falta dotar BIEN de medios, tanto económicos como de formación, personal y material.

    Me alegro que usted , en el caso en que menciona, supiera como actuar y recordase lo aprendido tiempo atrás, haciendo ” llegado el momento, y como un autómata, hice lo mejor que puede lo que me enseñaron…”

    Por suerte, nuestras policías intervienen bien en estas situaciones innumerables veces al cabo del año, aunque otras muchas no conseguimos recuperar a los accidentados, y no crea que no nos duele. Pero, sin menospreciar su actuación, una situación en la que está en juego tu propia vida es mucho más estresante si cabe, y pensar, o incluso actuar como un autómata como dice usted, es más complicado. Sólo se consigue, en la mayoría de las ocasiones, machacando y machacando en el entrenamiento, día a día. Un entrenamiento que , lamentablemente, es escaso, muchas veces por falta de medios, y otras, (las menos) , por falta de interés por parte de los propios agentes.

    La ley y los legisladores, para otro día.

    Un saludo

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